| A mis cuarenta y cinco años tengo el perfil del perdedor nato en esta sociedad consumista que nos devora con su garganta profunda que nunca se sacia de engullir nuestro dinero y nuestra paciencia: no tengo trabajo fijo, no tengo una nómina que me avale para entramparme hasta las cejas en un crédito hipotecario que cargará mis espaldas de por vida, no tengo casa propia y (lo que supone una total provocación y un escándalo para mis amigos) no tengo coche, ni siquiera carné de conducir. Además de esos pecados capitales incurro en algunas sangrantes rarezas como no poseer la tarjeta de «El Corte Inglés»,no ir a la moda y ni siquiera haberme pasado por las rebajas para maquillar mi torpe aliño indumentario, no haber comprado lotería de Navidad ni haber ido de cotillón, ni siquiera me he gastado un euro en turrón, jamón o champán, sólo en libros, discos y películas de segunda mano que atesoro en mi casa de alquiler que bien parece ya un museo de arte descatalogado y obsoleto donde sigo conservando discos de vinilo, casetes, películas en Beta, VHS y 2.000,misales del siglo XIX y cuadros de artistas locales que nunca se cotizarán mucho más de lo que me costaron. No tengo MP3 ni MP4 ni Bluetooth, play station, infrarrojos, Psp, wifi, wi o sucedáneos. No estoy abonado a Canal plus ni al Satélite Digital ni a Imagenio ni a ONO, ni veo la Champions; sólo los partidos del Atleti los domingos en el bar de la esquina tomando una botella de agua porque no bebo güisqui, ni cerveza, ni ginebra, vodka ni vino. Eso sí, me gustan las mujeres, aunque ya dije en un poema que no me importaría ser ni homosexual ni gay ni maricón ni lesbiano. |
No veo la televisión basura: jamás he visto ni veré Gran Hermano, La casa de tu vida, ni ningún otro reality show. Sólo confieso haber visto Operación Triunfo y Eurovisión. No me gusta la Semana Santa ni los carnavales en demasía, no soy rociero ni me gustan los toros ni la Feria en exceso, no bebo ni fumo ni digo tacos. Amo todo lo que no sirve para nada: la poesía, la Literatura en general, el Latín, las tertulias literarias, la música folk, el cine mudo y el teatro experimental. Todo lo que soy está pasado de moda o simplemente es de gilipollas: soy poeta, filólogo, contertulio, republicano, erasmista, utópico, friqui, treaky, socialista, anticlerical y fiel en el amor. No sé llegar a fin de mes, ganarme la vida, lavarme la ropa o clavar un clavo. No soy adicto a nada, como no sea un poco a la Coca-Cola y al Atleti. No me gusta el poder ni las joyas, el lujo ni los excesos. Me gustan los muñecos y tengo la casa inundada de ellos. Amo los libros y no sé ya donde ponerlos. Amo a Carmen y no quiero otra cosa que envejecer en sus brazos. No tengo hijos pero espero un nieto. No sé, os lo juro, qué extraño fenómeno de la Naturaleza acompañó a mi nacimiento, pero sé que no doy la talla para ser el prototipo de hombre del siglo XXI. Creo que me comprenderían más en la antigua Grecia pero, sin embargo, aquí sobrevivo en esta sociedad hostil a la Cultura que como ya he dicho muchas veces es mi única patria, mi única bandera, la única religión verdadera. ¡Estoy tan orgulloso de ser un perdedor nato que si naciera de nuevo repetiría mi desconcertante existencia día a día, verso a verso! |
Extraído de la edición nº 57 de Kristal |